La inteligencia artificial generativa ha agravado el problema de publicar o morir en la academia al abaratar y acelerar la fabricación de artículos científicos, según expertos en integridad investigadora consultados por Chemical & Engineering News. Un artículo retractado en la revista Surfaces and Interfaces de Elsevier fue enviado con la frase de apertura de ChatGPT «Certainly, here is a possible introduction for your topic», lo que revela que pasó la revisión por pares sin que nadie lo detectara. Un estudio de julio de 2024 sobre 15 millones de resúmenes en PubMed halló que al menos el 13,5% de los artículos de 2024 mostraban señales de uso de IA, con tasas de hasta el 40% en algunas disciplinas y más elevadas en países no anglófonos. Otro estudio publicado en agosto de 2025 en PNAS estima que la producción de las fábricas de artículos se duplica cada 1,5 años, un ritmo muy superior al de la ciencia legítima. Editores como Science han prohibido los textos generados por IA, la American Chemical Society exige una declaración detallada y varias revistas ya criban «tortured phrases» en la submission. El investigador Guillaume Cabanac, creador del Problematic Paper Screener, ha impulsado más de 3.000 retractaciones sobre 160 millones de artículos indexados. Autores como Ivan Oransky, de Retraction Watch, y el bioeticista David Resnik, del NIEHS, subrayan que la IA es un acelerador, no la chispa, y que la solución pasa por reformar la evaluación científica, primando la calidad frente al volumen, y por exigir declaraciones firmadas de autenticidad de datos y certificaciones digitales de imágenes experimentales.
