La inteligencia artificial está acelerando la detección de vulnerabilidades en el software a un ritmo sin precedentes, lo que ha desbordado la capacidad de los equipos de seguridad para parchearlas y desplegar las actualizaciones a tiempo. En junio de 2026, el Patch Tuesday de Microsoft registró un récord de 206 CVE, una cifra que se triplicó en julio con 622, 59 de ellas críticas y tres zero day, dos de los cuales ya se explotaban de forma activa. Chrome corrigió 1.072 vulnerabilidades en sus versiones 149 y 150, más que en las 23 versiones previas de los últimos dos años, y prevé pasar a publicar parches dos veces por semana. Mozilla aplicó una versión preliminar de Claude Mythos a Firefox 150 y halló 271 nuevas vulnerabilidades, tras haber localizado otras 22 con Claude Opus 4.6. Oracle, por su parte, concentró 1.449 parches en su actualización trimestral de julio, de los cuales solo 64 fueron reportados por investigadores externos. La diferencia clave respecto al fuzzing tradicional es que los modelos de IA pueden leer el código fuente, enlazar pistas dispersas y razonar sobre vectores de ataque combinados, una capacidad que Mozilla y Google atribuyen al procesamiento a escala industrial. Aun así, la mayoría de los fallos reportados no son de severidad máxima: solo diez CVE de Oracle alcanzaron la puntuación CVSS 10.0, lo que obliga a los administradores a priorizar para evitar que la cadena de actualizaciones genere nuevos conflictos. El escenario dibuja una paradoja: el software es más seguro que nunca en términos de superficie de ataque conocida, pero también más difícil de mantener al día.
