La guerra de Irán consolida a la IA como valor refugio frente a la crisis energética

Fuentes: La guerra que catapultó a la IAT2

La guerra desatada tras los ataques unilaterales de EEUU e Israel contra Irán a finales de febrero, con el bloqueo parcial del estrecho de Ormuz, ha disparado los precios energéticos, alterado cadenas de suministro y obligado a los inversores a recalcular riesgos. En lugar de frenar el ciclo tecnológico, las hostilidades han reforzado la percepción de la inteligencia artificial como destino preferente de los flujos de capital, por encima del dólar, el franco suizo o el oro. El gasto militar adicional roza los 400.000 millones de dólares desde el primer ataque a Teherán, según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), de los cuales casi la mitad corresponde al Pentágono.

Los grandes ganadores bursátiles son las petroleras, la industria de defensa y, sobre todo, la cadena de valor de la IA. Las supermajors europeas (BP, Shell, TotalEnergies) ganaron entre 3.300 y 4.750 millones de euros extra en el primer trimestre y Repsol elevó su beneficio un 154%. El índice MSCI de valores aeroespaciales y armamentísticos acumula un 32% interanual. Pero los valores ligados a la IA han monopolizado los flujos: Micron Technology elevó sus ingresos un 196% interanual, SanDisk un 97%, y TSMC incrementó su beneficio trimestral un 58%. Fabricantes de memoria y almacenamiento prevén inversiones cercanas a 670.000 millones de dólares en 2026, señal de que la guerra, en lugar de debilitar el ciclo inversor en IA, lo ha reforzado como apuesta a largo plazo.

Los sectores más sensibles, como la minería, las materias primas metálicas, la construcción residencial y la financiación hipotecaria, encabezan las pérdidas, arrastrados por el temor a políticas monetarias más restrictivas y a una estanflación latente.