NVIDIA lanzó la GeForce GTX 1060 el 19 de julio de 2016, una tarjeta gráfica basada en la arquitectura Pascal que se ha consolidado como una de las mejores opciones de gama media de la historia. El modelo estándar equipaba núcleo GP106 de 16 nm, 1.280 shaders a 1.506-1.708 MHz, 80 unidades de texturizado, 48 de rasterizado, bus de 192 bits, 6 GB de GDDR5 a 8 Gbps, 1,5 MB de caché L2 y un TDP de 120 vatios con un conector de 6 pines.
Su éxito se debió a una combinación difícil de igualar: por 319 euros ofrecía un rendimiento próximo al de la GeForce GTX 980, que costaba entre 560 y 599 euros, con un consumo muy inferior (120 W frente a 165 W) y 6 GB de memoria, la misma cantidad que montaba la GTX 980 Ti. Esa cifra, excesiva en su día, ha resultado decisiva para alargar su vida útil, ya que la versión de 3 GB, lanzada más tarde, ha envejecido peor por la escasez de memoria en títulos modernos.
La GTX 1060 movía juegos en 1080p con calidades máximas por encima de 100 FPS en títulos como Fallout 4 y DOOM (2016) y mantenía una experiencia solvente en 1440p con ajustes. Durante años fue la tarjeta gráfica más usada en Steam y aún conserva una cuota del 1,49%, superior a la de propuestas actuales como la Radeon RX 7600 o la RX 9060 XT.
Diez años después, sigue siendo capaz de ejecutar juegos bien optimizados como Elden Ring o Stellar Blade en 1080p con calidad media, y títulos como Counter-Strike 2 o GTA V Enhanced Edition funcionan con soltura en 1080p y calidad máxima. Con juegos actuales basados en Unreal Engine 5 las cifras caen a unos 30 FPS en 1080p y calidad baja, lo que hace recomendable plantear una actualización.
