Un estudio publicado en Science Advances demuestra que la datación por argón-argón, calibrada con la fecha histórica de la erupción del Monte Vesúvio en el 79 d.C., ha alcanzado una precisión del 0,7% y una exactitud del 0,4%. Este avance, liderado por Paul Renne del Berkeley Geochronology Center, permite a los geólogos y arqueólogos fechar eventos geológicos recientes con mayor fiabilidad, incluyendo erupciones volcánicas que amenazan áreas urbanas densas como México City o Nápoles. La mejora se debe a la combinación de muestras de pumita de Oplontis más ricas en potasio, obtenidas por Andrea Marzoli en 1998, y el uso de espectrómetros de masas mejorados. Además, el estudio ha refinado la vida media de la desintegración del potasio-40 a 12,044 mil millones de años, duplicando la precisión de los valores previos de la física nuclear. Esta recalibración es crucial para validar otros métodos de datación, como la radiocarbono y la datación por uranio-plomo, y para unificar las matemáticas de los cronómetros geológicos mediante enfoques bayesianos. Los datos históricos de Plinio el Joven, que registró la erupción, fueron clave para establecer la fecha de agosto del 24 d.C. con una incertidumbre de dos meses, lo que ha permitido correlacionar con mayor precisión eventos geológicos y biológicos del pasado.
