Un estudio publicado en Nature Communications reconstruye el efecto climático de la erosión durante el Evento Anóxico Oceánico del Toarciano, un episodio de calentamiento global ocurrido hace 183 millones de años y desencadenado por erupciones volcánicas masivas en lo que hoy son Sudáfrica y la Antártida. La investigación, liderada por la doctora Madeleine Stow, de la Universidad de Oxford, junto a equipos del Reino Unido y Francia, demuestra que la oxidación del carbono orgánico contenido en los sedimentos erosionados liberó CO2 a la atmósfera y amplificó el calentamiento, en lugar de amortiguarlo. Hasta ahora se sabía que la meteorización de las rocas retira CO2 atmosférico a escalas geológicas, regulando el clima a largo plazo, pero trabajos recientes habían mostrado que la erosión también puede emitir CO2 al oxidar carbono orgánico. El nuevo análisis resuelve esa aparente contradicción al examinar un caso real: el Toarciano elevó la temperatura entre 6 y 7 grados, alteró la composición de la flora y los dinosaurios y provocó una extinción masiva de corales y otros organismos marinos. Los autores concluyen que el mismo mecanismo podría estar activo en el cambio climático actual, aunque subrayan que el grado en que el pasado sirve de precedente es incierto. El profesor Bob Hilton, coinvestigador principal, recordó que este evento ya estaba bien estudiado por sus causas e impacto, lo que permite aislar la contribución del carbono orgánico erosionado al balance climático.
