La desaparición de Agatha Christie en 1926: once días sin rastro

Fuentes: Agatha Christie's 1926 Disappearance: Eleven Days, No Answers

La tarde del 3 de diciembre de 1926, la novelista británica Agatha Christie salió de su casa al volante de su Morris Cowley y dejó atrás a su hija de siete años y a la niñera. A la mañana siguiente, su coche apareció unos 24 kilómetros más allá, junto a una cantera de creta inundada, con ropa y un carné de conducir caducado en su interior, pero sin rastro de la autora. En ese momento Christie ya había publicado seis de sus obras más conocidas, entre ellas las protagonizadas por el detective belga Hercule Poirot.

La noticia acaparó las portadas de la prensa internacional y se convirtió en uno de los grandes misterios del siglo XX. La policía desplegó unos 1.000 agentes, sabuesos e incluso aviones para peinar la zona, y miles de civiles se unieron a la búsqueda. El 8 de diciembre, la investigación se interrumpió tras aparecer una carta atribuida a Christie en la que anunciaba que viajaría a Yorkshire para descansar en un hotel-balneario, pero la policía no dio crédito al mensaje y reabrió la búsqueda. El 13 de diciembre, cerca de 15.000 personas y seis perros rastreadores participaban ya en el dispositivo.

Diez días después del inicio de la búsqueda, Christie fue localizada en un hotel con spa de Harrogate, en el norte de Inglaterra. En un primer momento se dijo que padecía amnesia total, aunque después ella misma afirmó haber recuperado la memoria. Nunca explicó públicamente lo ocurrido en esos once días ni publicó el contenido de las tres cartas que dejó: una para su marido, otra para su secretaria y otra para su cuñado. Cuatro meses antes de la desaparición, su marido, el coronel Archibald Christie, le había pedido el divorcio tras enamorarse de otra mujer, lo que ha alimentado durante décadas las hipótesis de fuga, depresión o suicidio. El artículo repasa las principales líneas de investigación policial y las teorías populares que se difundieron en su momento, y subraya la ironía de que la autora de misterio más famosa del mundo protagonizara, en la vida real, un caso digno de Poirot que sigue sin resolverse.