La décima edición de la Cumbre AI for Good, organizada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) de la ONU, congregó en un centro de convenciones de 106.000 metros cuadrados a las afueras de Ginebra a representantes del sector público y privado para discutir cómo aprovechar la inteligencia artificial en beneficio de la humanidad. La secretaria general de la UIT, Doreen Bogdan-Martin, defendió que la IA, desplegada con responsabilidad, puede ayudar a resolver problemas como el hambre, las enfermedades y el calentamiento global, aunque reconoció que la propia tecnología plantea retos.
El evento contrastó con el tono más crítico del debate en Washington: mientras ejecutivos de Silicon Valley testifican ante el Congreso sobre los riesgos de la superinteligencia y la Casa Blanca aplica controles a la exportación de chips, la cumbre de la ONU mantuvo un enfoque idealista. Organizaciones como Access Now criticaron la dependencia del sector humanitario respecto a las grandes tecnológicas y los acuerdos opacos financiados con fondos públicos. Activistas pro-palestinos irrumpieron en una conferencia del director de tecnología de Amazon, Werner Vogels, denunciando el uso de la tecnología de la empresa contra la población palestina.
Expertos como el profesor de Harvard Vijay Janapa Reddi advirtieron que el concepto de "bien" es demasiado vago para los ingenieros, y que la IA rara vez aterriza en la práctica. Los paneles sobre infraestructura subrayaron que el acceso al cómputo y a modelos locales en idiomas distintos del inglés resulta decisivo para que la tecnología sirva a comunidades fuera de Estados Unidos, China y Europa. La UIT anunció una comisión de 44 miembros, copresidida por el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el consejero delegado de Salesforce, Marc Benioff, para impulsar la agenda. Fuera de las salas, robots humanoides corrían entre los estands junto a Tesla Cybertrucks y helicópteros de rescate de la ONU, evidencia de que la tecnología avanza más deprisa que el consenso sobre su gobernanza.
