La industria de la construcción enfrenta un desafío crítico: la baja productividad y el encarecimiento constante de los costes, a menudo superiores a la inflación. Un análisis técnico reciente explora por qué las 'economías de escala'—el principio económico que reduce el coste unitario al aumentar el volumen de producción—no funcionan en la construcción de viviendas.
En sectores como la manufactura, el volumen permite distribuir costes fijos y mejorar la eficiencia. Sin embargo, en la construcción residencial, el mercado es extremadamente fragmentado. Aunque se construyen millones de casas al año en EE. UU., la industria no está concentrada en pocas grandes empresas; de hecho, los 100 mayores constructores controlan menos del 50% del mercado, mientras que en la aviación o las telecomunicaciones la concentración supera el 80%. Esta baja concentración sugiere que el tamaño de la empresa no genera ventajas competitivas.
Datos financieros confirman esta falta de eficiencia por escala. Grandes desarrolladores como Lennar o D.R. Horton, que producen decenas de miles de unidades, no tienen márgenes de beneficio ni costes unitarios significativamente mejores que pequeñas firmas que venden solo miles de casas. Esto se debe a que, al construir en obra, la brecha entre el coste de los materiales y el coste de la construcción ya es pequeña, dejando poco margen para que el volumen reduzca los costes. Además, la naturaleza local y no estandarizada del trabajo impide la optimización que sí ocurre en fábricas.
Este conocimiento es vital para inversores y desarrolladores que esperan que la expansión de una empresa reduzca sus costes. Las alternativas como la prefabricación han demostrado tener ahorros limitados. Por tanto, en el sector residencial, el tamaño de la empresa no es una garantía de eficiencia operativa.
