La propuesta de SpaceX de desplegar un millón de satélites con GPUs destinados a centros de datos de inteligencia artificial en órbita plantea un problema de sostenibilidad material sin precedentes. Un análisis de los recursos anuales que se perderían al espacio —tomando como referencia las tarjetas Nvidia A100 que Musk ha mencionado como base del diseño— cifra en unas 1.000 toneladas de cobre, 170 kilogramos de oro, casi 2 toneladas de plata, más de 20 toneladas de bismuto y titanio, más de 2 toneladas de paladio y 76 kilogramos de talio los materiales que se enviarían o vaporizarían cada año al sustituir los satélites al final de su vida útil, estimada en cinco años. Algunas de esas cantidades representan alrededor del 1 % de la producción minera mundial anual de paladio y talio, cifras insólitas para un solo proyecto. De los aproximadamente 200.000 satélites dados de baja cada año, unos 40.000 se desorbitarían y arderían en la atmósfera, dispersando sus materiales como contaminantes, incluido aluminio que contribuiría a la destrucción de ozono durante décadas. El resto serían enviados a órbitas de eliminación, retirándolos definitivamente del ciclo de materiales. El artículo también compara estas pérdidas con lo que se necesitaría extraer de asteroides para reponerlas, lo que ilustra la magnitud del resources-export-to-space que implica el plan. SpaceX ha sugerido en un documento ante la SEC fabricar satélites con materias primas lunares, aunque esa capacidad todavía no existe.
