La comunidad matemática se encuentra en un estado de profunda crisis y desconfianza tras el anuncio de que modelos de inteligencia artificial han resuelto problemas matemáticos complejos que antes requerían esfuerzo humano. Este fenómeno ha generado una reacción dividida, descrita por el autor como un proceso de duelo que abarca desde la negación hasta la aceptación. Por un lado, organizaciones como la Asociación para las Matemáticas Humanas (AHM) y figuras como el medallista Fields Peter Scholze se oponen al uso de IA, comprometiéndose a no publicar resultados generados por estas herramientas y a proteger la matemática como un esfuerzo humano. Por otro lado, otros matemáticos, como Vlad Lazic, expresan indignación y frustración, argumentando que la IA está degradando la calidad y la comprensión profunda de las pruebas. En el medio, el Grupo Asesor de Matemáticas e Inteligencia Artificial (AGMAI) ha emitido recomendaciones para que los laboratorios de IA detengan las pruebas de modelos propietarios y liberen los resultados de forma responsable. Mientras tanto, estudiantes y investigadores enfrentan una depresión existencial, viendo cómo herramientas como ChatGPT resuelven lemas que les habían bloqueado durante años. El debate central gira en torno a la justificación de la matemática: si la IA puede demostrar teoremas, ¿qué valor tiene la comprensión humana? El autor argumenta que la comunidad debe distinguir entre la mera demostración de teoremas y la generación de nuevas ideas y comprensión profunda, citando a Thurston y Hardy para defender que el valor real de la matemática reside en la innovación conceptual, no solo en la acumulación de resultados.
