La evidencia científica acumulada en los últimos años señala al ejercicio acuático como la opción más completa para los adultos mayores. Un análisis publicado en 2026 con más de 1.100 participantes demostró que la natación y la gimnasia en el agua mejoran de forma integral la función física, al combinar la reducción del impacto articular que aporta la flotabilidad con un trabajo de resistencia que fortalece tanto el tren superior como el inferior, clave para prevenir caídas.
En el ámbito cardiovascular, un estudio de 2025 concluyó que el ejercicio en el agua combate la rigidez arterial y mejora la función endotelial con una eficacia comparable a la del entrenamiento en tierra. Una revisión de 22 estudios publicada en Nature añadió que la piscina reduce el colesterol total, los triglicéridos y el LDL, a la vez que eleva el HDL. En el plano cognitivo, una investigación recogida por Frontiers en Medicine identificó el ejercicio acuático como la modalidad más efectiva para mejorar memoria, atención y tiempo de reacción en mayores.
Los autores recomiendan sesiones de unos 40 minutos, de dos a tres veces por semana y a intensidad moderada, combinando trabajo de resistencia y aeróbico en el agua para obtener los mayores beneficios sobre fuerza, flexibilidad, perfil lipídico y estado de ánimo.
