El caragolí, el pequeño caracol terrestre (Theba pisana) que los mallorquines recogen desde hace milenios, prolifera sin control este verano en las fincas de la isla y preocupa a payeses y técnicos agrícolas. El técnico Jordi Ortiz, de Apaema, señala dos causas: el abandono de las caragolinades, salidas familiares que servían como control biológico, y la expansión de la agricultura regenerativa, que deja más cubierta vegetal en el suelo.
El molusco, de entre 12 y 20 milímetros, es hermafrodita y puede poner cientos de huevos al año. En condiciones favorables se han documentado hasta 3.000 ejemplares sobre un solo árbol, y en laboratorio puede consumir unos 60 cm² de hoja de lechuga en un día. Para escapar del calor estival, se agrupa en racimos sobre tallos y postes, donde sella su concha con un epifragma que le permite sobrevivir meses de sequía, lo que dificulta incluso la recolección mecanizada.
En el plano cultural, el 25 de abril, Sant Marc, sigue siendo la jornada central de consumo: en Vilafranca, el bar Es Cruce sirve entre 10.000 y 12.000 raciones en un solo día, unas cuatro toneladas. Aun así, España solo cubre el 35% de su consumo con cría controlada y en 2024 importó 10.122 toneladas, el 85% de Marruecos. Apaema recomienda recortar la cobertura vegetal entre líneas, aplicar fosfato férrico y reintroducir depredadores como los patos para frenar la expansión.
