En 1976, Paul Lutus abandonó su trabajo como diseñador electrónico para el programa del transbordador espacial de la NASA y se instaló en una colina de cuatrocientos pies en un paraje remoto de Oregón. Sin electricidad ni carretera, levantó con sus propias manos una cabaña de doce por dieciséis pies y se abasteció con un huerto. Una noche, leyendo Scientific American a la luz de un quinqué, descubrió un anuncio del Apple II y pidió la máquina por teléfono. Para conectarla tendió mil doscientos pies de cable eléctrico entre robles y madroños. Sin experiencia previa con ordenadores, tardó en comprender el funcionamiento de la tecla CTRL, pero en pocas semanas escribía programas que enviaba a Apple Computer, que empezó a comprarlos de inmediato. Con el dinero obtenido amortizó el coste del equipo y decidió abordar un proyecto más ambicioso: un procesador de textos que sustituyera a su máquina de escribir. Así nació Apple Writer, cuyo primer manual escribió durante una tormenta que terminó con un rayo cayendo junto a la cabaña. La versión inicial la vendió a Apple por 7.500 dólares; dos años después firmó un acuerdo de royalties que, en el momento de escribir el artículo, generaba más ingresos diarios que el precio original de venta. Lutus defiende la «casa de campo electrónica» como modelo de vida y de trabajo: el producto acabado del programador no pesa, basta un servicio de correos o una línea telefónica para distribuirlo, y el silencio del bosque favorece la concentración necesaria para programar en lenguaje máquina. El texto cierra con una reflexión personal sobre la precisión absoluta que exigen las máquinas y la forma en que esa relación influyó en su vida sentimental.
La cabaña del programador: Paul Lutus y el origen de Apple Writer
Fuentes:
Cottage Computer Programming
