La batalla de Neville's Cross, librada el 17 de octubre de 1346, marcó un punto de inflexión en la guerra de los Cien Años al resultar en la derrota escocesa y la captura del rey David II. Este evento, aunque menos conocido que otras batallas medievales, tuvo consecuencias estratégicas profundas para el equilibrio de poder entre Inglaterra, Escocia y Francia. Según el historiador Alex Brown, la victoria inglesa permitió a Eduardo III consolidar su frontera septentrional y mantener su presión militar en Francia, facilitando operaciones futuras como el asedio de Calais. David II permaneció prisionero en Inglaterra durante once años, hasta que aceptó pagar un rescate de 100.000 marcos, una suma equivalente a más de 39 millones de libras de 2017. La batalla no solo debilitó a Escocia, que tardaría décadas en recuperar sus posiciones, sino que también evitó que Eduardo III tuviera que regresar a Inglaterra para defender su territorio. A pesar de su importancia histórica, el enfrentamiento carece de la notoriedad popular de otras batallas clave, como Agincourt o Bannockburn, y no fue inmortalizado por figuras culturales como Shakespeare, lo que contrasta con el impacto real que tuvo en la geopolítica europea de la época.
