Las grandes tecnológicas sostienen que la inteligencia artificial no sustituirá a los trabajadores, sino que aumentará su productividad, pero los datos comienzan a contradecir esa promesa en algunos sectores. Un análisis de la Universidad de Stanford con cuatro años de datos laborales en Estados Unidos revela un retroceso del 2,7 % en el empleo de personas de 22 a 25 años desde la popularización de ChatGPT, que alcanza el 12,8 % en los sectores más expuestos a la IA, como finanzas, desarrollo de software e industrias creativas. Los modelos lingüísticos de gran tamaño (LLM) ya pueden completar tareas que antes requerían horas a un humano y, en el plazo de un año, podrían empezar a desarrollarse a sí mismos. Economistas premio Nobel han reclamado medidas urgentes para evitar un desplazamiento masivo de empleo, mientras empresas londinenses alertan de la falta de perfiles adecuados. La OCDE detecta un golpe significativo en las ofertas de empleo británicas, más concentrado en servicios. El uso de IA, medido en tokens, se ha disparado en 2026, pero el coste ha empujado a muchas compañías a racionar el acceso a los modelos más avanzados; otras, en cambio, migran a versiones derivadas de modelos chinos, mucho más baratas. El resultado es una incertidumbre elevada sobre el ritmo y el alcance real de la automatización.
