La Atalaya, un cerro a las afueras de Ciudad Real, alberga los restos de un edificio con una historia que explica por qué se ha convertido en uno de los escenarios máslegendados de la crónica negra española. En 1943, el Ayuntamiento adquirió los terrenos para un sanatorio antituberculoso dentro de un plan franquista de 35 centros similares; las obras comenzaron en 1954 y la primera planta, con 300 camas, se completó en 1955, pero los antibióticos ya habían reducido los casos de tuberculosis, por lo que nació obsoleto. En 1961 pasó al Patronato Nacional Psiquiátrico y abrió en 1971 como centro para personas con discapacidad psíquica, función que mantuvo 25 años hasta su cierre en 1996.
Sobre ese pasado se superpone la tragedia documentada del 20 de abril de 1987, cuando el policía Isidro Mejías, de 33 años, disparó contra el coche de una pareja —María del Mar Perales Serrano, de 19 años, y Alfredo Lozano Galán, de 21— y luego se suicidó. Sin móvil esclarecido, la leyenda añadió rumores de malos tratos, sectas y la figura de una dama de blanco avistada durante décadas por conductores.
El edificio fue demolido en 2007 y hoy el cerro es un parque forestal con rutas de senderismo. El estudio local Sonrisilla Games ultima el videojuego de terror 'Historias de la Atalaya - El Brujo', que mezcla la crónica real con la mitología del lugar.
