Wells Fargo instaló en 1998 dos cajeros automáticos en la base científica McMurdo, la mayor estación de Estados Unidos en la Antártida, que cuentan con un récord Guinness por ser los más meridionales del planeta. Mantenerlos operativos en un enclave tan aislado es un reto logístico: cada dos años se revisan y actualizan, el personal de la base recibe formación para reparaciones básicas y, cuando hace falta, uno de los cajeros es «canibalizado» para obtener piezas para el otro. Además, son los propios empleados de la tienda de la base quienes recargan de billetes las máquinas, ya que el efectivo recircula entre los pocos negocios del asentamiento.
McMurdo, construida entre 1955 y 1956 en la costa de la isla de Ross, alberga a unas 1.100 personas en verano y unas 200 en invierno en sus 146 edificios, e incluye servicios como un pub y un festival de música al aire libre. Wells Fargo entrena al personal local para intervenir los cajeros, como explicó su representante Kristopher Dahl a Mental Floss. El artículo contrasta esta operativa con la realidad española, donde el parque de cajeros se redujo a 41.842 unidades a finales de 2024, 1.230 menos que el año anterior según el Banco de España, lo que obliga a vecinos de zonas rurales a recorrer decenas de kilómetros para retirar efectivo. La pieza cierra con una reflexión sobre la resiliencia del dinero físico frente a apagones como el de 2025 y ante sistemas como el euro digital.
