La Autoridad Administrativa Independiente para la Investigación Técnica de Accidentes e Incidentes Ferroviarios, Marítimos y de Aviación Civil (AITAT) ha publicado sus primeras conclusiones sobre el choque en Urda (Toledo) entre el AVE 2080 y el Iryo 6076, que causó 69 víctimas mortales. Según los técnicos, la colisión se produjo a una velocidad estimada entre 160 y 200 km/h, aunque la cifra exacta se conocerá tras analizar los datos del registrador jurídico embarcado. La investigación confirma que el sistema de gestión de tráfico LZB cayó a las 8:31, momento en el que los trenes pasaron a operar bajo el Bloqueo de Señalización Lateral (BSL). En esta situación, el Centro de Control y Regulación (CRC) de Atocha gestionó el tráfico mediante telefonemas, ordenando al maquinista del AVE rebasar una señal roja ('meta cero') para reanudar la marcha con normalidad, en lugar de aplicar la marcha a la vista limitada a 40 km/h. Los expertos señalan que la cadena de instrucciones y la falta de barreras mitigadoras condujeron a la colisión. Además, la AITAT destaca la situación límite de los operadores, quienes enfrentaron una carga de trabajo excesiva debido a la falta de personal cualificado en el CRC, lo que impidió la gestión óptima de la crisis.
