Este artículo explora la reaparición de la afición por los juegos de mesa del autor, Pete Fletzer, y profundiza en las razones psicológicas detrás de su atractivo y la creciente popularidad del hobby. Fletzer, quien creció jugando juegos de mesa, los dejó de lado en la década de 1990 para centrarse en los videojuegos, pero recientemente redescubrió su encanto.
La experiencia de volver a los juegos de mesa ha sido impactante, principalmente debido a la notable mejora en la calidad de producción. Los juegos modernos se presentan como “tesoros” con componentes de alta calidad, como cartón grueso, miniaturas esculpidas y diseños gráficos cuidadosos. Esto se conecta con el concepto de la cognición encarnada, donde la interacción física con los objetos afecta nuestra percepción y respuesta emocional. Un ejemplo es el juego Return to Dark Tower, donde la propia torre física crea tensión y anticipación.
Más allá de la estética, el artículo destaca la importancia de la interacción social. Los juegos de mesa fomentan la conexión humana al crear reglas compartidas, objetivos comunes y consecuencias conjuntas. Juegos como Thunder Road: Vendetta, con su naturaleza caótica, generan risas y un sentido de camaradería. La estructura de los juegos permite una interacción social de bajo riesgo, donde es aceptable burlarse, celebrar y hasta fallar, creando un ambiente seguro y divertido.
Un aspecto crucial es la capacidad de los juegos de mesa para hacer que la derrota sea satisfactoria. Los juegos ofrecen “bucles de competencia de bajo riesgo”, permitiendo a los jugadores experimentar, aprender y mejorar sin consecuencias negativas para su identidad o reputación. Esta oportunidad de experimentar sin temor es particularmente valiosa para los adultos. Además, la gran variedad de géneros disponibles, desde juegos de construcción de mazos como The Star Wars Deck Building Game hasta rompecabezas como Planet Unknown, estimula la curiosidad y fomenta la exploración de nuevas experiencias, un rasgo asociado con la apertura a la experiencia y la creatividad.
Finalmente, el autor concluye que los juegos de mesa no desaparecieron realmente, sino que evolucionaron y mejoraron, ofreciendo una experiencia de presencia y conexión humana que los videojuegos a menudo no pueden igualar. Se trata de una forma de ralentizar, concentrarse y compartir tiempo de calidad con los demás, convirtiendo el entretenimiento en un evento significativo.
