Joby Aviation, la compañía de taxis aéreos eléctricos, anunció la adquisición de la firma de defensa Resonant Sciences, con sede en Dayton, Ohio, por 500 millones de dólares. Se trata de la apuesta más ambiciosa de la empresa por diversificar su negocio y profundizar en el sector militar, en un momento en el que la industria de los aviones eléctricos enfrenta crecientes dificultades para hacer rentable el modelo de aerotaxi urbano.
Según informó la propia Joby a través de un documento regulatorio, la operación se financiará con 450 millones de dólares en efectivo y 50 millones en acciones. El cierre de la transacción está previsto para principios de 2027. Una vez completada, Resonant Sciences se convertirá en una división de defensa dedicada dentro de Joby, y su actual cofundador y director ejecutivo, J. Micah North, será el encargado de liderarla. Dicha división absorberá los proyectos de defensa ya existentes en Joby, entre ellos el desarrollo de un avión de despegue y aterrizaje vertical híbrido de turbina, así como una variante de hidrógeno-eléctrico y la pila tecnológica de autonomía.
Resonant Sciences, fundada en 2015 y con alrededor de 250 empleados, se especializa en sistemas de radiofrecuencia y sensores que permiten a las aeronaves ver, comunicarse y operar en entornos complejos, incluidas zonas de guerra. Sus tecnologías de antenas, procesamiento de señales y baja observabilidad están certificadas en más de 20 plataformas tanto comerciales como de defensa, y buena parte de su plantilla cuenta con acreditaciones de seguridad militar por el carácter clasificado de su trabajo. Además, la firma reportó 100 millones de dólares en ingresos en los últimos doce meses, según datos recogidos por TechCrunch, lo que la convierte en una fuente de ingresos inmediata para Joby.
Para Joby, la adquisición responde a una estrategia cada vez más clara: mientras espera que los taxis aéreos eléctricos obtengan las aprobaciones regulatorias necesarias para operar comercialmente —previstas para finales de este año, según la propia compañía—, necesita generar caja con otras líneas de negocio. La empresa, que salió a bolsa en 2021 mediante una fusión con una sociedad de adquisición con fines especiales (SPAC), registró en el segundo trimestre de 2026 una pérdida neta de 245,4 millones de dólares, aunque ingresó 38,6 millones. De esa cifra, 36,2 millones procedieron de Blade Air Mobility, el negocio de viajes compartidos en helicóptero que Joby compró el año pasado por unos 125 millones de dólares.
La relación entre Joby y el Departamento de Defensa de Estados Unidos no es nueva. Ya en 2016 participó en proyectos de la Defense Innovation Unit; en 2020 se convirtió en el primer desarrollador de eVTOL en obtener un certificado de aeronavegabilidad de la Fuerza Aérea, y en 2023 entregó su primera aeronave a la Base de Edwards para pruebas. El acuerdo con la contratista L3Harris Technologies, firmado en 2025, buscaba explorar el desarrollo conjunto de una nueva clase de avión VTOL híbrido de turbina con capacidad autónoma, basado en la plataforma S4 de Joby. En 2024, la compañía demostró además una versión híbrida de hidrógeno-eléctrico que voló 521 millas, más del doble de lo que alcanza su prototipo de baterías.
La operación se enmarca en una tendencia creciente dentro del sector. Rivales como Archer Aviation acaban de presentar un avión desarrollado conjuntamente con la firma de defensa Anduril, y Boeing anunció esta misma semana la venta de tres de sus filiales de eVTOL a Archer. La consolidación del sector y la búsqueda de contratos militares se han vuelto prioridades compartidas por toda la industria, dada la dificultad de obtener ingresos con los aerotaxis en el corto plazo.
En conjunto, la compra de Resonant Sciences le permite a Joby combinar su tecnología de propulsión y autonomía con las capacidades de radiofrecuencia, sensores y sistemas de misión de la firma adquirida, y ya anticipa que diseñará y fabricará aeronaves furtivas. A corto plazo, la operación le garantiza una fuente de ingresos estable mediante programas clasificados del Gobierno estadounidense; a largo plazo, consolida su posición como uno de los actores más diversificados del emergente mercado de la aviación eléctrica, donde el sueño del taxi aéreo compartido convive ahora, cada vez más, con la realidad de los contratos de defensa.
