Japón ha convertido los 70 años en la nueva edad efectiva de jubilación. Más de 5,4 millones de empleados de 70 años o más continúan en activo, y si se amplía el foco a los mayores de 65, 9,14 millones de personas trabajaron en 2024, el 25,3% de esa franja de edad, según el Ministerio de Asuntos Internos japonés. La tasa de empleo senior (25,2%) duplica a la de Francia y supera con holgura a la de Reino Unido (10,9%) y Estados Unidos (18,6%). El país arrastra una tasa de fecundidad de 1,15 hijos por mujer, la más baja de su historia, y una esperanza de vida de 87,14 años en mujeres y 81,09 en hombres, lo que deja a buena parte de los trabajadores en condiciones de prolongar su vida laboral.
La reforma laboral de 2025 elevó la edad legal de jubilación de 60 a 65 años, y el 29,7% de las empresas japonesas ha ido más allá con medidas para mantener en plantilla a empleados de 70 años o más. Una encuesta del Ministerio de Trabajo de 2023 refleja que el 80% de los trabajadores en edad de jubilarse desea seguir activo, y el 70% prefiere hacerlo en su empresa actual. El déficit de las pensiones públicas —con un máximo de 831.700 yenes anuales, unos 5.100 euros, y una prestación media mensual de 40.000 yenes (245 euros)— empuja a alargar la vida laboral. La reforma de pensiones aprobada en junio de 2025 elevó de 510.000 a 620.000 yenes mensuales el umbral de ingresos compatible con cobrar la pensión íntegra, beneficiando a unos 200.000 jubilados activos desde abril de 2026.
