Una persona decide hacerse una evaluación de TDAH tras el diagnóstico de autismo de una amiga y relata paso a paso el proceso. La psiquiatra le administra un test online inspirado en los Continuous Performance Tests: aparece una carta con tres corazones rojos y el paciente debe pulsar la barra espaciadora solo cuando la ve, mientras suenan estímulos distractores como llantos de bebés o sirenas policiales. A mitad de la prueba, al autor le pica la curiosidad y, con las herramientas de desarrollador del navegador, guarda los scripts y las peticiones de red para diseccionar el test. El artículo muestra el código JavaScript real: un listener keyup/keydown que registra cada pulsación correcta y cada pulsación errónea con su marca de tiempo, y un sistema que detecta cuándo la ventana pierde el foco, acumulando el tiempo total fuera de la pantalla. También revela que la prueba varía según la edad: los niños escuchan pájaros, bolos y sables láser con un límite de 15 FPS, mientras que los adultos oyen bebés llorando, choques de coches y sirenas a 24 FPS. El autor descubre que los datos enviados al servidor son tres métricas básicas: el momento de cada pulsación correcta, el de cada pulsación errónea y el tiempo agregado fuera de foco. A partir de la documentación oficial del sitio, explica que el resultado se expresa en Z-scores estandarizados por edad y sexo en cuatro dimensiones: atenibilidad, puntualidad, hiperreactividad e impulsividad, cuya combinación alimenta un modelo de puntuación cuyo algoritmo no está disponible en el código del cliente.
Ingeniería inversa de mi test de TDAH: qué mide realmente
Fuentes:
Reverse Engineering My ADHD Test
