Este artículo explora la analogía entre la desaparición de los secretarios en la década de 1980 debido a la automatización con la posible disrupción que la inteligencia artificial (IA) está generando en el mercado laboral actual. El autor, Rowland Manthorpe, argumenta que la IA no conducirá a una extinción laboral total, sino a una transformación compleja y a menudo impredecible, similar a lo que ocurrió con la llegada de las computadoras personales.
En la década de 1970 y 1980, los secretarios eran una parte fundamental de la economía, representando aproximadamente el 18% de la fuerza laboral en Estados Unidos, Reino Unido y Francia. Su trabajo, que incluía la mecanografía, archivo y organización, era esencial porque la comunicación y la gestión de la información dependían de una interfaz humana: el secretario. Los gerentes dictaban, los secretarios transcribían, copiaban y distribuían la información. Esta estructura creaba una jerarquía donde el secretario era el punto de contacto entre el gerente y las herramientas administrativas. La llegada de las computadoras personales inicialmente duplicó estas tareas en formato digital, pero gradualmente automatizó muchas de ellas, eliminando la necesidad de tantos secretarios. Una entrevista con la madre del autor, quien trabajó como secretaria en esa época, ilustra la experiencia de este cambio: la pérdida de estatus, el tedio y la obsolescencia repentina.
El artículo establece que la IA podría estar repitiendo un patrón similar. En lugar de eliminar el trabajo administrativo por completo, la IA podría 'rebundirlo', creando nuevas formas de interacción con las herramientas de trabajo. Las aplicaciones de productividad como Outlook, Teams y Expedia, que actualmente requieren intervención humana, podrían ser reemplazadas o mediadas por IA, transformando la forma en que se realizan las tareas. El autor enfatiza que la IA no es una fuerza destructiva inevitable, sino un catalizador de cambio que, aunque puede generar incertidumbre, también puede abrir nuevas oportunidades. Se extraen tres lecciones clave de la experiencia de la automatización de la década de 1980: 1) la promesa de un mundo sin trabajo nunca se materializa por completo, 2) los roles que parecen obsoletos pueden persistir durante mucho tiempo, y 3) la disrupción tecnológica es un proceso gradual y complejo. A pesar de la disminución drástica, todavía existen miles de mecanógrafos y procesadores de texto en los Estados Unidos, lo que demuestra la lentitud del proceso de extinción tecnológica.
