En la provincia de Granada, a más de 900 metros de altitud y en la falda de Sierra Nevada, Guadix concentra más de 2.000 viviendas excavadas en cerros de arcilla roja habitadas por unos 4.500 vecinos. El barrio troglodita, cuyo origen los historiadores sitúan a finales del siglo XV, surgió tras la conquista castellana como ocupación clandestina de moriscos, forajidos y familias expulsadas, que perforaron los cerros siguiendo técnicas de alarifes andalusíes. La temperatura interior de las cuevas ronda los 20 °C todo el año gracias al aislamiento térmico de la arcilla, lo que convierte estas construcciones en un ejemplo de arquitectura bioclimática anterior a su conceptualización teórica.
En los años cincuenta del siglo XX las cuevas dejaron de ser marginales y empezaron a acondicionarse como viviendas convencionales; con la carretera, la electricidad y la emigración rural, muchas familias las reconvirtieron en casas de verano. Hoy el barrio vive una segunda transformación: el trogloturismo. Trenes turísticos, centros de interpretación y alquileres vacacionales —desde 65 hasta 200 euros la noche según extras como jacuzzi o piscina— han colocado a Guadix en circuitos como la “Capital Europea de las Cuevas”.
La Ley LISTA de Andalucía ha puesto fin al vacío urbanístico que padecían estas viviendas: por primera vez un título entero del reglamento define qué es una cueva, qué es un municipio troglodítico y fija condiciones mínimas de habitabilidad, como 30 m² de superficie útil, ventilación, saneamiento y estabilidad del terreno. Varios intentos históricos de demolición fracasaron y, en la actualidad, lo que dos siglos atrás fue visto como símbolo de marginalidad es la principal seña de identidad turística de la ciudad, compartida con su Catedral, la Alcazaba del siglo XI y la ermita labrada en roca.
