Emily M. Bender y Nanna Inie presentan una guía práctica para reemplazar el lenguaje antropomórfico en la discusión sobre la inteligencia artificial. Su objetivo es clarificar las capacidades reales de los sistemas de software y evitar atribuirles agencia o emociones que no poseen. El artículo detalla seis categorías de expresiones problemáticas, como 'cognizador', 'emoción' y 'agencia', y propone alternativas más precisas basadas en la funcionalidad técnica. Por ejemplo, sugieren sustituir 'inteligencia artificial' por 'automatización probabilística' y 'alucinación' por 'salidas indeseadas'. Además, abordan el uso de pronombres y nombres propios, recomendando evitar la referencia a los sistemas como personas. Esta propuesta busca fomentar un vocabulario que refleje la naturaleza algorítmica de la tecnología, facilitando debates más rigurosos sobre su uso y ética.
