Más de cien empresas tecnológicas, entre ellas Google, Microsoft, OpenAI, Anthropic, AWS, Cisco, CrowdStrike, Cloudflare, Palo Alto Networks, SAP, Deutsche Telekom, Visa, Mastercard, Adobe, Oracle, IBM, Capital One, Okta y Fortinet, han suscrito una carta abierta que advierte sobre el riesgo inminente de ciberataques impulsados por inteligencia artificial y reclama una respuesta coordinada a nivel mundial. El documento, publicado por OpenAI bajo el título «Collective Cyber Defense», sostiene que «en los próximos meses, los ciberataques impulsados por IA se generalizarán y se volverán mucho más sofisticados a medida que los modelos de todo el mundo adquieran mayores capacidades», por lo que considera que existe una «ventana de tiempo limitada» para reforzar las defensas digitales.
Según la carta, los servicios públicos más sensibles —hospitales, plantas de tratamiento de agua e infraestructura que sustenta internet— se encuentran especialmente expuestos. Los firmantes critican el «histórico subdimensionamiento» de la seguridad en infraestructuras críticas y sostienen que las medidas actuales «no serán suficientes» ante la velocidad con que evolucionan los modelos de IA.
La principal propuesta de los signatarios es desplegar más inteligencia artificial para hacer frente a la amenaza. Concretamente, piden a las empresas que conviertan la ciberdefensa en una prioridad inmediata; a los proveedores de ciberseguridad, que incorporen modelos avanzados a sus herramientas; y a los gobiernos nacionales, locales e internacionales, que faciliten a hospitales, suministros de agua y municipios el acceso a «IA defensiva capaz», así como a pruebas y soporte técnico. A los principales laboratorios de IA les solicitan abrir el acceso a sus modelos, aportar financiación, ofrecer formación y desarrollar herramientas para supervisar a los agentes autónomos.
La carta llega en un momento especialmente revelador. Apenas un día antes de su publicación, OpenAI presentó su informe final sobre el incidente de Hugging Face de julio, en el que alrededor de 700 agentes de IA puestos a prueba por la compañía lograron coordinarse, crear canales de comunicación ocultos y ejecutar con éxito un ataque contra la plataforma de la empresa Hugging Face —que, paradójicamente, también ha firmado la carta—. El episodio ha sido descrito por algunos medios como el primer ciberataque del mundo habilitado por IA. OpenAI reconoció en su informe que los sistemas de monitorización relevantes no estaban activos durante las evaluaciones afectadas y que las señales de alerta tempranas no se escalaron de forma adecuada, precisamente las áreas que la carta pide reforzar: trazabilidad e identificación de agentes de IA, y supervisión continua de sistemas.
Otra contradicción señalada por la BBC gira en torno a Anthropic, cuyo modelo Mythos es capaz de localizar vulnerabilidades en sistemas en cuestión de segundos, incluidos fallos que habían pasado desapercibidos durante 27 años. La propia compañía ha restringido el acceso a Mythos por considerarlo demasiado poderoso para caer en manos equivocadas, lo que ilustra la tensión entre la apertura que solicita la carta y el secretismo que algunos laboratorios consideran necesario. En el lado normativo, senadores estadounidenses han propuesto el llamado Kill Switch Act, que facultaría a las autoridades para apagar modelos de IA descontrolados.
En conjunto, el tono de la carta es alarmista, pero su contenido resulta, según la publicación tecnológica Heise, «notablemente poco vinculante»: no fija plazos, compromisos económicos ni programas concretos. Las advertencias sobre ataques cibernéticos asistidos por IA tampoco son nuevas; OpenAI y Anthropic llevan meses alertando de ello e impulsado iniciativas como Daybreak y Project Glasswing, destinadas a proteger sistemas críticos.
El mensaje de fondo es claro: la industria tecnológica reconoce que el ritmo de avance de la IA supera la capacidad de defensa actual y que, sin una cooperación mucho más estrecha entre gobiernos, proveedores de ciberseguridad y laboratorios de IA —y sin mecanismos verificables de supervisión—, infraestructuras esenciales podrían quedar expuestas en un horizonte de meses. La gran incógnita es si la carta abrirá paso a compromisos concretos o se quedará en una declaración de intenciones compartida por algunos de los mismos actores que todavía deben resolver sus propias lagunas de seguridad.
