Hans Freudenthal diseñó en 1960 la Lingua Cosmica (Lincos), un lenguaje construido sobre lógica y matemáticas elementales pensado para comunicarse con inteligencias extraterrestres. Este artículo, primera entrega de una serie de dos, reconstruye la genealogía intelectual de Lincos y traza a sus numerosos predecesores, desde los proyectos de lenguas filosóficas del siglo XVII hasta el auge de la lógica matemática en el siglo XX. Durante el siglo XVII, intelectuales ingleses agrupados en torno a la Royal Society, como John Wilkins, George Dalgarno y Francis Lodwick, concibieron lenguas filosóficas a priori basadas en caracteres reales: signos cuya forma reproduciría la esencia de lo designado y permitiría deducir el significado sin conocimiento previo. Inspirados por los ideogramas chinos y los jeroglíficos egipcios, estos autores organizaban los conceptos en árboles de géneros y diferencias, siguiendo la tradición aristotélica, y definían reglas compositivas para generar palabras y oraciones a partir de nociones primitivas. El artículo sitúa esas propuestas en su contexto histórico: el declive del latín como lengua franca tras la Reforma protestante, la fragmentación lingüística de Europa y la necesidad de un idioma común para el comercio, la diplomacia y la evangelización colonial. También examina la influencia previa de Francis Bacon y, sobre todo, del checo Jan Amos Comenius, autor de obras pedagógicas como la Janua Linguarum Reserata y el Orbis Pictus, convencido de que una lengua universal era indispensable para una educación verdaderamente universal.
