Un bombero voluntario de 22 años murió la noche del 7 al 8 de julio al desprenderse una roca mientras combatía un incendio forestal en Planay, en el macizo de la Tour du Merle (Alpes franceses), en el inicio de una temporada que el Gobierno francés ya califica de excepcional. Las llamas han devastado unas 14.500 hectáreas, casi el triple que en el mismo punto de 2025, y el primer ministro Sébastien Lecornu advierte de que la situación no tiene precedentes aunque no se haya alcanzado el récord de 66.000 hectáreas de 2022.
El episodio se produce tras tres olas de calor casi consecutivas: el 7 de julio se alcanzaron 41,5 °C en Dordoña y Aude, Météo-France elevó a 67 los departamentos en alerta naranja y a 47 los clasificados con riesgo alto de incendio. La ola de calor se extenderá, según las previsiones, hasta mediados de mes, con un posible pico hacia el 14 de julio. Bomberos y expertos consultados señalan que la vegetación que en 2025 era follaje se ha convertido en combustible por la persistencia del calor.
El problema trasciende las fronteras francesas: la autopista A9 ha sido cortada, campings de Cataluña y Castellón han sido evacuados y el Tour de Francia prohibió la presencia de público en el tramo final de su tercera etapa. Francia se perfila como el gran laboratorio europeo de los efectos de un verano persistentemente caluroso que las olas de calor puntuales no habían anticipado.
