Finger, nacido en 1971 en el Laboratorio de Inteligencia Artificial de Stanford, fue la primera red social de la historia: un protocolo sin cuentas, sin algoritmos y sin servidor central, donde el perfil de cada usuario cabía en un archivo de texto plano. El ingeniero Les Earnest lo creó para resolver una incomodidad cotidiana: saber de un vistazo quién estaba conectado y cuánto tiempo llevaba ausente, y así decidir si valía la pena caminar hasta su despacho. La costumbre de «pasar el dedo» por la pantalla del comando WHO dio nombre a la herramienta.
En 1977 se formalizó en el RFC 742 y en 1991 en el RFC 1288, su especificación definitiva. Además de indicar la presencia, Finger permitía leer los archivos .plan y .project del directorio personal, una especie de microblog estático y editable a mano. El caso más célebre es el de John Carmack, cofundador de id Software, que entre 1996 y 2010 publicó allí el diario de desarrollo de Doom y Quake, hoy archivado en GitHub como uno de los documentos técnicos más valiosos de la historia del videojuego.
El protocolo es de una simplicidad extrema: conexión TCP al puerto 79, envío del nombre de usuario y recepción de texto plano. Esa misma sencillez lo convirtió en 1982 en la interfaz de la primera máquina conectada de la historia, la expendedora de Coca-Cola de la Universidad Carnegie Mellon, que informaba por Finger de cuántas botellas había y cuál estaba más fría. Su caída llegó en 1988, cuando el gusano de Morris lo usó como vector de propagación.
Medio siglo después, Finger sigue funcionando en macOS, Linux y Windows, y revive gracias a directorios como happynetbox.com que facilitan publicar un .plan sin necesidad de servidor propio. Frente a las redes sociales actuales, es «café descafeinado»: sin «me gusta», sin hilos, sin enlaces entre perfiles, solo un archivo de texto que el dueño controla por completo.
