La financiación de proyectos de código abierto sin una gran comunidad previa sigue siendo uno de los mayores retos del ecosistema. Este artículo analiza las principales estrategias existentes y por qué todas resultan insuficientes: las donaciones puntuales son impredecibles y rara vez generan ingresos estables; el modelo open-core, usado por GitLab, tiende a perjudicar la versión libre al migrar funcionalidades a la versión propietaria; y las subvenciones públicas como las de NLnet o Sovereign Tech Agency suelen exigir residencia en un país concreto o estar reservadas a proyectos ya consolidados, lo que deja fuera a iniciativas incipientes.
Ante este panorama, el autor —mantenedor del lenguaje de programación Inko— propone un modelo alternativo: un producto verdaderamente open-source, licenciado bajo AGPL con opción de licencia comercial para empresas reacias a la AGPL. El desarrollo se realizaría en un repositorio privado, accesible solo para quienes apoyen financieramente el proyecto (donaciones o licencia comercial), mientras existiría un espejo público actualizado cada tres meses, salvo en casos urgentes como vulnerabilidades críticas. Los usuarios que acepten las condiciones obtendrían acceso al repositorio principal, al rastreador de incidencias y a la posibilidad de enviar parches. En teoría, cobrar por abrir tickets también mejoraría la calidad de los informes.
El propio autor reconoce limitaciones: excluir a usuarios sin recursos del sistema de incidencias, la dificultad técnica de integrar pagos, y, sobre todo, la necesidad de un producto o servicio adicional que la gente esté dispuesta a pagar, ya que el modelo no funcionaría para Inko como lenguaje de programación, donde los desarrolladores rara vez pagan por estas herramientas.
