El programador Marijn Haverbeke reflexiona sobre el problema estructural de financiar el software de código abierto. Argumenta que el modelo clásico de vender por unidad no encaja con bienes copiables a coste cero, y que el copyright compensa esa fricción pero limita el alcance. El open source, por su parte, optimiza el valor para la humanidad a costa de la capacidad del productor para capturar ingresos, lo que afecta a la mayoría de proyectos no vinculados a una empresa. Haverbeke señala que la falta de responsabilidades económicas y sociales actúa como filtro de entrada, lo que explica la escasa diversidad del ecosistema.
Para su nuevo proyecto ProseMirror, descarta tres vías: el software privativo, por su alcance limitado; la doble licencia Affero GPL, por su complejidad legal y porque exige una figura central que controle los derechos; y un modelo puramente altruista sin mecanismo financiero. La opción elegida es una licencia MIT, que preserva la libertad del código y permite forks, acompañada de un código de conducta financiera explícito: los usuarios no comerciales no pagan, quienes reciben correcciones o funcionalidades pueden dejar una propina, y quienes obtienen valor comercial deben establecer una donación mensual proporcional. La clave es la donación periódica mientras se use el software, no las campañas puntuales de recaudación.
