SpaceX lanzó con éxito su Starship en su decimotercer vuelo de prueba y mostró avances importantes: el cohete podría alcanzar órbita en su próxima misión, desplegar satélites e incluso regresar al sitio de lanzamiento para ser «capturado» por la torre. Sin embargo, un obstáculo clave para su futuro sigue sin resolverse: el escudo térmico.
El vehículo está protegido por unas 18.000 losetas cerámicas que recubren su vientre durante el reingreso atmosférico. Según Dan Rasky, exingeniero de la NASA que durante casi cuatro décadas estudió materiales térmicos en el Centro de Investigación Ames y coinventor del PICA —el material del escudo de la Crew Dragon—, el sistema actual de protección térmica de Starship es un «callejón sin salida» para todas las misiones que requieran reutilización completa y rápida.
La NASA se enfrentó al mismo problema hace medio siglo con el transbordador espacial, cuyas losetas cerámicas obligaban a inspecciones exhaustivas tras cada vuelo, encareciendo y ralentizando la reutilización. SpaceX cuenta con una ventaja: la estructura de acero de Starship tolera temperaturas de hasta 800 °C allí donde fallan las losetas, por lo que cierta abrasión podría ser aceptable. Aun así, los expertos coinciden en que el enfoque vigente podría impedir a Starship volar con frecuencia y a bajo coste.
