Europa está implementando diversas soluciones para permitir la carga de vehículos eléctricos fuera de casa, abordando la brecha de precio entre la recarga doméstica y la pública. Entre las medidas más avanzadas se encuentran la instalación de enchufes en farolas públicas, una práctica pionera en Londres y Birmingham que, aunque limitada por la baja potencia de 7,4 kW, ofrece una alternativa viable para aparcamientos nocturnos. En España, Valencia retiró 22 unidades en 2021 debido a conflictos con la legislación local sobre la independencia del alumbrado público y la reventa de energía.
Otra innovación destacada es la integración de cargadores en los bordillos de las aceras, probada exitosamente en Colonia por Rheinmetall, que registró más de 2.800 cargas exitosas con una disponibilidad superior al 99 %. Estas unidades, que cuestan aproximadamente 5.000 euros, suministran hasta 22 kW de corriente alterna. Además, se están explorando soluciones de infraestructura de largo plazo, como las carreteras con carga inalámbrica en Francia y Suecia, que pueden costar entre 2 y 6 millones de euros por kilómetro, y prototipos de robots de carga desarrollados por Volkswagen. Estas iniciativas buscan reducir la dependencia de los puntos de recarga privados y mejorar la accesibilidad de la movilidad eléctrica.
