Andreas Prins, director global de Soluciones Soberanas de SUSE, advierte de que la suspensión ordenada por Estados Unidos del acceso a los modelos Fable 5 y Mythos de Anthropic actuó como una señal de alerta para las empresas europeas sobre su dependencia tecnológica. Según Prins, los directivos que antes priorizaban los modelos más avanzados de proveedores como OpenAI, Anthropic o Google ahora buscan alternativas que puedan controlar y auditar, preferentemente basadas en código abierto.
Prins sostiene que el incidente, aunque no llegó a causar daños graves porque los modelos eran demasiado recientes para estar integrados en procesos críticos, evidenció un riesgo real y obligó a empresas e instituciones a reevaluar su exposición. Ilustra este cambio con el caso de una firma neerlandesa que, tras un análisis de riesgo, concluyó que confiar en una infraestructura de respaldo local resultaba más seguro que depender de un hiperescalador estadounidense.
El experto enmarca la cuestión de la soberanía digital como una evaluación de riesgo empresarial y no solo tecnológico. En su lectura, el deterioro de las relaciones transatlánticas —acentuado por la disputa en torno a Groenlandia— ha generalizado en Europa la percepción de que Estados Unidos ya no es un socio fiable en materia tecnológica. Iniciativas como el Paquete Europeo de Soberanía Tecnológica o la Cloud and AI Development Act marcan el inicio de una respuesta, pero Prins considera que los Veintisiete deberán unificar criterios más allá de particularidades nacionales para que la estrategia funcione.
