Europa apuesta por la nanotecnología para no quedar rezagada en la industria global de baterías, un sector en expansión por la electrificación del transporte y la industria. Tras los fracasos de Northvolt (Suecia) y Morrow (Noruega), ambas en bancarrota, el continente reorienta su estrategia hacia startups de Deep Tech que aplican técnicas de fabricación heredadas de la industria de los semiconductores.
La holandesa LeydenJar, con sede en Eindhoven (ciudad de ASML), emplea depósito por plasma para fabricar un ánodo de silicio puro en capas ultrafinas que resiste la fisura por ciclos de carga, lo que aumenta la densidad energética hasta un 50%. Su producción comercial arrancará a finales de 2026, tras una década de desarrollo. Por su parte, Powall, en Delft, desarrolla equipos a escala comercial para nanorrevestir polvos de materiales de batería mediante deposición de capa atómica, técnica también originada en los semiconductores. Su recubrimiento protege materiales experimentales de mayor capacidad o carga rápida, que de otro modo no serían comercializables por su baja durabilidad.
Ninguna de las dos empresas ensambla baterías completas y ambas mantienen relaciones comerciales con clientes asiáticos. Su ambición, comparan con el modelo de ASML, es dominar un paso crítico de la cadena de suministro. Alexander Brown, analista del think-tank Merics en Berlín, advierte de que Europa debe diversificar su estrategia, ya que China trabaja активно para desarrollar alternativas locales a tecnologías de nicho como las que ofrecen estas firmas. Christian Rood (LeydenJar) y Roderik Colen (Powall) coinciden en que la principal barrera no es tecnológica, sino la aversión al riesgo de los inversores europeos frente a los de Asia y EE UU.
