Un equipo internacional de investigadores ha publicado una revisión en la revista Vision que propone una hipótesis para explicar por qué ciertos estímulos visuales modernos —suelos rayados, luces parpadeantes, patrones geométricos repetitivos y entornos visuales saturados como los supermercados— generan en algunas personas dolor de cabeza, fatiga ocular, náuseas y distorsiones perceptivas. Según los autores, el cerebro humano evolucionó para procesar escenas naturales, cuya complejidad visual disminuye de forma predecible al observar detalles cada vez más finos. Los entornos artificiales rompen esa regla: las imágenes de resonancia magnética funcional muestran que los patrones de alto contraste y las franjas provocan respuestas neuronales más intensas en la corteza visual, un mayor consumo de oxígeno y, en personas con epilepsia fotosensible, pueden desencadenar crisis. La revisión identifica el parpadeo de las luces LED —que utilizan una técnica de atenuación mediante conmutación rápida— y los faros de algunos coches modernos, que también recurren a la modulación temporal de la luz, como fuentes especialmente problemáticas. Las personas con autismo, TDAH, dislexia, migrañas, epilepsia, ansiedad o depresión se ven afectadas de forma desproporcionada, posiblemente porque sus cerebros presentan una menor capacidad para suprimir la hiperactividad neuronal, en un mecanismo en el que podría intervenir el neurotransmisor GABA. Los autores subrayan que su hipótesis aún no se ha comprobado por completo y que la relación entre los niveles de GABA y la incomodidad visual requiere más investigación.
