Un vertedero clausurado hace 22 años en New Haven (Connecticut) acoge desde julio cerca de 1.900 paneles solares instalados por Greenskies Clean Energy, que generan unos 1,4 millones de kWh anuales, equivalentes al consumo de unas 200 viviendas. La electricidad se vende a United Illuminating y la ciudad ingresa alrededor de 72.000 dólares anuales por el arrendamiento del terreno, dentro de un contrato de 20 años que dejará a las arcas municipales unos 1,4 millones de dólares.
La clave técnica está en las estructuras lastradas: los paneles se apoyan sobre el suelo sin perforar la cubierta que sella los residuos, lo que evita filtraciones de contaminantes y permite desmontar la instalación si fuera necesario acceder al vertedero.
Un análisis nacional sobre más de 4.300 vertederos estadounidenses estima que estos enclaves podrían albergar hasta 63 GW de capacidad fotovoltaica, unos 83 TWh al año, equivalentes al consumo de 7,8 millones de hogares. Hasta ahora solo se habían instalado alrededor de 500 MW, concentrados sobre todo en cuatro estados del noreste.
No toda esa capacidad es viable: algunos vertederos siguen asentándose, otros están lejos de la red eléctrica y muchos requieren obras y permisos que retrasan los proyectos durante años. Connecticut, donde Greenskies ya opera plantas similares en West Haven, East Haven y North Haven, prepara seis proyectos solares adicionales en New Haven.
