La selección española de fútbol se ha consolidado como el dominador absoluto del siglo XXI tras proclamarse campeona del Mundial 2026, sumando su segundo título mundial y elevando a seis los grandes trofeos entre Mundiales y Eurocopas conquistados desde 2008 (dos Mundiales y cuatro Eurocopas), un balance sin precedentes. La victoria ante Francia en la final se apoya en una filosofía de juego asociativo instalada desde hace casi dos décadas y que también ha situado a España en la élite de las competiciones de clubes: 11 Champions League, 12 Europa League y 14 Supercopas de Europa en los últimos 25 años, con un patrón de éxito que se repite en las categorías inferiores (10 europeos sub-19 y tres sub-21) y en los Juegos Olímpicos, con el oro de París 2024.
El cambio de rumbo se remonta al 13 de octubre de 2007, cuando un gol de Sergio Ramos tras 28 pases ante Dinamarca marcó el inicio de una nueva era bajo el mando de Luis Aragonés, basada en la posesión, el posicionamiento y el talento técnico por encima de la fortaleza física. Ese estilo ha pervivido en las canteras y ha permitido a la selección más joven del presente Mundial (26,7 años de media) competir como un club, con un bloque sólido y sin grandes individualidades. España encajó un solo gol en ocho partidos y su portero fue elegido el mejor del torneo, en un Mundial marcado por el protagonismo de figuras como Mbappé, Haaland, Messi, Bellingham o Kane.
