Escocia se ha convertido en un epicentro global de la infraestructura de inteligencia artificial, con planes para construir al menos 23 centros de datos de escala hipermasiva. Esta iniciativa responde a la necesidad de la industria tecnológica de alojar modelos de IA de gran capacidad, pero ha generado una intensa controversia local por su impacto ambiental y social. Los defensores argumentan que estos proyectos atraerán miles de millones de libras en inversión y crearán empleo, mientras que los críticos advierten sobre el alto consumo de energía, la demanda de agua para refrigeración y la contaminación acústica que podría afectar a las comunidades vecinas.
El debate se centra en la escala: mientras el centro actual más grande de la región, en Airdrie, tiene una capacidad de 12 MW, las propuestas incluyen instalaciones de hasta 1.000 MW, como la prevista en Chapelcross, que equivaldrían al tamaño de un pueblo. Aunque Escocia cuenta con un sector renovable robusto, los expertos señalan que la intermitencia de la energía eólica y solar podría obligar a usar combustibles fósiles durante picos de demanda. Además, la industria tecnológica ha señalado que el consumo de agua podría tensionar los recursos hídricos locales. El gobierno escocés ha rechazado la propuesta de los Verdes Escoceses de imponer una moratoria, estableciendo en cambio que las instalaciones superiores a 50 MW deben notificar a los ministros y someterse a evaluaciones de impacto ambiental, aunque ha indicado que es improbable aprobar nuevos centros antes de Navidad.
