Enterrar la basura: por qué el vertedero puede ser más limpio y sensato que reciclar

Fuentes: worksinprogress.co, Just bury your trash

Enterrar la basura: por qué el vertedero puede ser más limpio y sensato que reciclar

La idea de que los vertederos son el peor destino posible para los residuos y de que reciclar es siempre la opción más ecológica forma parte del consenso educativo y cultural contemporáneo. Sin embargo, un artículo publicado en Works in Progress por Alex Chalmers y Rob Wiblin cuestiona esa narrativa con argumentos técnicos y energéticos que invitan a repensar la gestión de residuos desde una perspectiva menos dogmática y más pragmática.

El reportaje parte de una premisa directa: para muchos de los residuos que generamos a diario, el vertedero, gestionado correctamente, resulta más limpio, barato y ambientalmente sensato que el contenedor de reciclaje. Los autores desmontan los dos pilares del discurso antvertededero. El primero sostiene que existen alternativas eficientes y baratas para reutilizar o reciclar materiales; el segundo afirma que el vertedero es insostenible por naturaleza. Según Chalmers y Wiblin, ninguno de los dos se sostiene cuando se analizan los datos.

Uno de los ejemplos más llamativos es el de las bolsas de plástico frente a las bolsas de algodón reutilizables. Producir una bolsa de polietileno consume apenas 0,6 megajoules, el equivalente a cuarenta segundos de funcionamiento de un hervidor. En cambio, fabricar una bolsa de algodón de 200 gramos requiere unos 1.725 megajoules, 3.050 veces más energía, debido al proceso de hilado, tejido, teñido y acabado. La Agencia Medioambiental de Reino Unido calculó que una bolsa de algodón debe reutilizarse 173 veces para superar ambientalmente a una de plástico, una cifra que Dinamarca ratifica en sus estimaciones. Solo los usuarios más disciplinados logran ese umbral.

El patrón se repite con las pajitas de acero, que necesitan 150 reutilizaciones para compensar las emisiones de una de plástico; con las tazas de cerámica, que solo superan al vaso de poliestireno tras unos 1.000 usos si el lavavajillas es eficiente; con los pañales de tela, que según la misma agencia británica empatan en consumo de recursos con los desechables una vez contabilizado el algodón, el agua caliente y el detergente, y con las botellas de leche retornables, que requieren al menos diez viajes para superar energéticamente al cartón de polietileno.

Donde el reciclaje sí tiene sentido es en los metales. Reciclar un kilogramo de acero ahorra 1,4 kilogramos de mineral de hierro y un 65 % de energía, mientras que el aluminio puede lograr ahorros de hasta el 95 % gracias a que la fundición de chatarra evita el costoso proceso de reducción química del mineral. Aproximadamente un 30 % del metal empleado en la producción mundial de acero procede ya de chatarra reciclada, según datos de la OCDE de 2024.

Los autores también descartan el argumento del agotamiento de materias primas. Para metales como el cobre, cobalto, litio y níquel, cuya extracción se concentra en pocos países o cuyas menas de mayor calidad se agotan, reciclar resulta estratégico. Sin embargo, el papel procede de árboles que pueden replantarse, el silicio del vidrio es uno de los elementos más abundantes del planeta y el plástico estadounidense se fabrica con etano del gas natural, del cual existen reservas probadas de esquisto para casi un siglo al ritmo actual. Una bombona de propano de 13 kilogramos bastaría para fabricar unas 1.600 bolsas de plástico típicas.

El artículo advierte además sobre las limitaciones prácticas del reciclaje. En Estados Unidos, alrededor del 25 % de los residuos depositados en los contenedores azules son contaminantes: tapas, restos de comida o papel húmedo. La mayoría de los estados no realiza un seguimiento sistemático de lo que ocurre después de la recogida, lo que dificulta conocer la tasa real de reciclaje efectivo.

El planteamiento de Chalmers y Wiblin no aboga por abandonar el reciclaje, especialmente en metales y componentes electrónicos, sino por abandonar la idea de que reutilizar es siempre mejor. Para buena parte de los residuos cotidianos, un vertedero moderno y bien gestionado puede ser la opción más sensata desde el punto de vista energético, económico y ambiental. La conversación pública, sugieren, debería basarse en cifras y análisis de ciclo de vida, no en intuiciones moralizadoras sobre lo desechable.