Un artículo de opinión, cargado de ironía y vocabulario soez, que defiende el uso de la raya em (—) frente a quienes la asocian automáticamente con textos generados por inteligencia artificial. El autor parte de una idea central: mecanografiar una raya em no es un problema complejo, basta con pulsar Option + Shift + guion en Mac, y quien renuncie a ella por miedo a ser tildado de "escrito por IA" está sobrerreaccionando.
A lo largo del texto, el autor compara distintos signos de puntuación para reivindicar la versatilidad de la raya em. Argumenta que permite añadir aclaraciones dentro de la misma frase sin abrir paréntesis, que comunica con más fuerza que los corchetes —reservados, según él, para pensamientos tímidos— y que supera a los dos puntos, que comparten anchura con la coma y no cambian el registro de la letra siguiente. El punto y coma queda en segundo lugar, descrito como una "indecisión comprimida" en un único signo; los puntos suspensivos, en cambio, resultan demasiado melancólicos, propios de un tono contemplativo que el autor rehúye.
El cierre aporta una solución práctica para quienes temen ser señalados: utilizar rayas em con espacios a ambos lados, estilo Associated Press, distinto del patrón habitual de los modelos de lenguaje. El artículo termina con un enlace promocional a un servicio de coaching de escritura del propio autor, a 175 dólares la hora.
