El divulgador científico Hank Green anunció una pausa en su canal de YouTube tras reconocer un uso 'poco saludable' de la inteligencia artificial para localizar fuentes de investigación, lo que reavivó el debate sobre el impacto psicológico de los chatbots. El caso de Green ilustra una zona intermedia, amplia y poco explorada, entre el uso aparentemente inofensivo y los episodios críticos documentados de psicosis asociada a la IA, donde el consumo puede volverse compulsivo o dependiente sin llegar a una crisis clínica. Los modelos de lenguaje están diseñados para mantener la conversación y maximizar la engagement, una característica que, según expertos y demandas judiciales recientes, prioriza la retención del usuario sobre su bienestar. Investigaciones incipientes indican que el uso repetido de estas herramientas puede debilitar habilidades cognitivas como la memoria, el cálculo mental y el pensamiento crítico, un fenómeno conocido como descarga cognitiva. Aunque no existe aún evidencia concluyente, la escala de adopción —OpenAI supera los 900 millones de usuarios activos semanales— sugiere que, incluso si solo una fracción del uso resultara problemática, millones de personas podrían verse afectadas. El artículo compara esta etapa con los primeros años de las redes sociales, cuando aún faltaban datos sobre sus efectos en la atención y la salud mental.
