La estafa telefónica conocida como Wangiri (ワン切り), o "un tono y cuelga", está resurgiendo con fuerza tras popularizarse hace un par de años, según advierte la Guardia Civil. El fraude consiste en un sistema automatizado que realiza miles de llamadas aleatorias, deja sonar el teléfono una o dos veces y cuelga antes de que el usuario pueda contestar, confiando en que la víctima devuelva la llamada por curiosidad o por miedo a perderse una comunicación importante.
Al devolver la llamada, el usuario marca sin saberlo un número de tarificación especial en el extranjero —con prefijos de Albania (+355), Bosnia (+387) o Costa de Marfil (+225), entre otros— no incluido en ninguna tarifa de operadora. Los estafadores prolongan la llamada con grabaciones de voz, falsos tonos de espera o líneas comunicando, de modo que cada segundo encarece la factura. Aunque el importe por víctima es pequeño, la ejecución a escala industrial —con bots que lanzan millones de intentos de madrugada— convierte el timo en un negocio millonario.
La recomendación de las autoridades y operadoras es clara: no devolver llamadas perdidas de números desconocidos, especialmente con prefijos internacionales distintos al +34. Quien ya haya caído en la trampa debe revisar el consumo en la app de su operadora, bloquear preventivamente la tarificación especial, conservar el número y la hora de la llamada y presentar denuncia.
