El Daniel K. Inouye Solar Telescope, instalado a más de 3.000 metros de altitud en el volcán Haleakalā, en Maui (Hawái), se ha convertido en el telescopio solar más grande del mundo gracias a un espejo primario de cuatro metros de diámetro, 7,5 centímetros de grosor y 3,6 toneladas de peso. La radiación que concentra alcanza unos 12 kilovatios, energía suficiente para freír una bolsa de palomitas en 20 segundos, lo que obliga a un costoso sistema de refrigeración. Más de 12 kilómetros de tuberías distribuyen un refrigerante llamado Dynalene a 13 temperaturas distintas, mientras la cúpula cuenta con ventiladores de 6,5 metros y compuertas que aprovechan los vientos de Maui para expulsar aire caliente. Durante la noche, el observatorio fabrica el equivalente a una piscina de hielo que almacena energía térmica para el día siguiente. Además, un disco refrigerado por líquido, el heat-stop, bloquea más del 95 % del calor antes de que la luz llegue a los instrumentos. El espejo, de vitrocerámica Zerodur, fue pulido durante seis meses hasta lograr irregularidades inferiores a dos nanómetros. El 5 de agosto, el telescopio anunció observaciones que distinguen estructuras de unos 20 kilómetros en el Sol, incluyendo pequeños remolinos en los bordes de las regiones magnéticas asociados a la inestabilidad de Kelvin-Helmholtz, clave para entender las erupciones solares y mejorar las predicciones del clima espacial. La propuesta presupuestaria estadounidense para 2027 plantea reducir su financiación de 26,4 a 13 millones de dólares.
