Yang Zhilin completó su doctorado en la Universidad Carnegie Mellon en cuatro años, participó en el paper Transformer-XL —base de ChatGPT— y recibió ofertas de Apple, Google y Meta, además de puestos en MIT y Stanford. Rechazó quedarse en EEUU y fundó en China Moonshot AI, donde creó la familia de modelos Kimi. Su última versión, Kimi K3, compite con Anthropic y OpenAI como modelo abierto y lo ha situado como referente del sector.
Su caso ilustra un fenómeno creciente: el regreso masivo de ingenieros chinos formados en EEUU. Un estudio de la Hoover Institution sobre los 356 investigadores de DeepSeek muestra que el 53,5% nunca estudió ni trabajó fuera de China, y que el 70% de quienes sí lo hicieron regresó al país. Una encuesta de Stanford de 2024 a 1.304 científicos chinos en EEUU revela que el 73% no se siente seguro investigando allí y el 65% teme acoso o violencia racista.
En China, aunque las valoraciones de las startups son hasta diez veces menores, los emprendedores lanzan productos a producción en menos de cinco años gracias a la densidad de ingenieros y al ecosistema local. Moonshot AI, con 300 personas y tres años de trayectoria, demuestra que la innovación en IA puede prosperar fuera de Silicon Valley, mientras EEUU afronta una fuga de cerebros que cuestiona su competitividad futura.
