El rechazo al "AI slop" empieza a obligar a las tecnológicas a dar marcha atrás

Fuentes: The AI Slop Backlash Is Actually Having an Impact

La creciente ola de rechazo social hacia los contenidos generados por inteligencia artificial está empezando a traducirse en cambios concretos por parte de las grandes tecnológicas. Un reciente sondeo de Gallup muestra que el 50% de los estadounidenses de entre 18 y 29 años considera que la IA generativa provoca más daño que beneficio, una opinión que también se ha intensificado en el resto de la población tras años de exposición.

Varias plataformas han reaccionado a la presión pública. LinkedIn añadió un botón para denunciar contenidos como "AI slop"; Snapchat dejó de incluir vídeos completamente generados por IA en su feed de descubrimiento; y Substack incorporó una herramienta de detección automática para vigilar a los escritores. Google retiró a los pocos días una función de Google Earth que permitía manipular imágenes por satélite con IA tras la cobertura de 404 Media, y Meta desactivó tras tres días de protestas virales una herramienta de Instagram que facilitaba la creación de deepfakes con fotos de cualquier usuario.

La raíz del malestar, según expertas como Meredith Broussard (Universidad de Nueva York), es la falta de consentimiento: los usuarios no pidieron que sus interacciones se usasen para entrenar modelos ni que se colasen funciones de IA generativa en el software que usan a diario. A ello se suma el rechazo a la publicidad con imágenes de IA (McDonald's, Coca-Cola) y la oposición vecinal a la construcción de centros de datos. Emily Bender, coautora de The AI Con, señala que esos centros concentran el daño ambiental y económico y están unificando protestas de signo político muy diverso.