El equipo de tecnología del Guardian ha intensificado el trabajo de campo para cubrir el impacto físico de la inteligencia artificial: centros de datos, redes eléctricas, consumo de agua y efectos en comunidades locales. La reportera Aisha Down viajó a Lanarkshire (Escocia) para investigar un complejo de IA valorado en 8.200 millones de libras que, según una investigación del diario, presentó de forma engañosa sus planes de alimentación 100% renovable. En una inspección previa en las afueras de Londres, halló que un solar destinado a un superordenador seguía siendo un depósito de andamios.
Dan Milmo, editor global de tecnología, visitó obras en Gales para documentar proyectos de centros de datos cancelados en todo el mundo. Robert Booth, editor británico, reportó en Santa Clara (Silicon Valley) junto a los llamados screamers: edificios que superan el ruido de un avión despegando. Down también estuvo en Slough, el mayor parque de centros de datos de Europa, donde registró el efecto isla de calor: la temperatura puede subir entre 2 y 9 grados junto a estas instalaciones.
Blake Montgomery, editor estadounidense, recuerda el envío de Dara Kerr al desierto de Nevada, donde fue ahuyentada por la seguridad. El medio también entrevistó a Erin Brockovich, que asesora a comunidades afectadas por el impacto energético e hídrico de los centros de datos. “Los centros de datos de IA son algunas de las estructuras más masivas y complejas creadas por la humanidad”, resume Montgomery.
