La letra W surgió en el alfabeto romano como una solución práctica para representar el sonido consonántico /w/ en textos latinos tras la caída del Imperio Romano de Occidente. En el siglo V, la fragmentación del imperio llevó a la llegada de pueblos germánicos, como los francos, que adoptaron el latín como lengua oficial pero poseían nombres propios con sonidos no presentes en el alfabeto latino, como el /w/. Dado que la V latina ya se utilizaba para el sonido /v/, los escribas de la época, especialmente en Francia, comenzaron a duplicar la U para transcribir estos nombres germánicos, como UUaldemarus. Con el tiempo, estas dos U se fusionaron en la letra W, estableciéndose como el estándar para el sonido /w/ en textos latinos y, posteriormente, en textos en inglés. Aunque el sonido /w/ había desaparecido en el griego y el latín clásico, su presencia en los nombres germánicos lo rescató. En el inglés antiguo, la letra wynn (Ƿ) fue común, pero la influencia del latín y el francés durante la Conquista Normanda la hizo desaparecer gradualmente, siendo reemplazada por la W. Este proceso ilustra la complejidad de la evolución del alfabeto, donde la necesidad de representar sonidos específicos de nuevas lenguas impulsó la creación de nuevas letras, marcando un hito en la historia de la escritura occidental.
