El nuevo poder energético se decide en las plantas de licuefacción y regasificación

Fuentes: El nuevo poder energético se decide en las plantas de licuefacción y regasificación

La disputa energética en el Mediterráneo oriental ha dejado de girar en torno a quién posee los yacimientos de gas natural y se centra ahora en quién controla la infraestructura para almacenar, transformar y transportar ese recurso. Según el último informe de la Agencia Internacional de la Energía, la complejidad geopolítica y la volatilidad estructural del mercado obligan a los países a reforzar sus reservas físicas y diversificar medios de almacenamiento.

Egipto se ha consolidado como el nodo de gas natural licuado (GNL) de referencia en la región gracias a sus dos únicas plantas de licuefacción a gran escala, cuyo coste de réplica se estima entre 6.000 y 10.000 millones de dólares y un plazo cercano a los diez años. El país ha sumado acuerdos de exportación con Israel, Jordania y el yacimiento chipriota Cronos, con una producción estimada de 2,8 millones de toneladas métricas anuales. Turquía, por su parte, opera cinco terminales de regasificación y dispone de reservas en el mar Negro, además de acuerdos de suministro con Azerbaiyán a quince años, lo que reduce su exposición a crisis como el reciente ataque al mayor yacimiento iraní.

El fenómeno se extiende al petróleo: Estados Unidos, principal exportador mundial de crudo, carece de capacidad de refino suficiente para producir diésel y queroseno, lo que mantiene estos derivados en máximos históricos. En España, el encarecimiento de los carburantes ha empujado la inflación al 4,3% este verano y ha obligado a utilizar reservas de GNL antes de la campaña habitual de relleno previo al invierno.